domingo, 8 de febrero de 2009

Un buen día

Definitivamente hoy había sido un buen día, con este pensamiento entré por la puerta de mi casa. Me dirigí hacia mi habitación, andando con tranquilidad, sin llegar a imaginarme lo que en ella me iba a encontrar.
Abrí la puerta y allí te encontrabas tú, sentada encima de mi escritorio, sonriéndome y mirándome de manera juguetona. Abrí la boca para decir algo pero me mandaste callar con un gesto.

Te pusiste de pie y me mandaste que me sentase en la cama. Yo no pude más que obedecer deseando ver en que acababa todo esto. Te acercaste lentamente y me susurraste al oído que esta noche te encargabas de todo, que tan solo disfrutase.

Te sentaste en mi regazo y lentamente comenzaste a besarme los labios primeramente con suavidad y dulzura, disfrutando de cada instante que pasaba, y a continuación con pasión, mordiéndome un labio, haciendo que sangrase, lo que incrementó aun más la sensación de placer que empezaba a recorrerme todo el cuerpo.

Comenzaste a bajar por mi barbilla y mi cuello, recreándote en cada centímetro cuadrado de mi piel. Cuando parecía que ibas a seguir hacia abajo me dijiste con una voz pícara que lo continuáramos en la ducha.

Una vez en el baño nos comenzamos a desnudar y nos metimos bajo el agua tibia, tal y como a mí me gustaba. Allí bajo las gotas que se escurrían entre nuestros cuerpos comencé a abrazarte y tú continuaste besándome solo que esta vez no te detuviste en el cuello sino que bajaste hasta el pecho, hasta los abdominales y continuaste bajando y bajando…




De repente un escalofrío me recorrió todo el cuerpo y me despertó. Entonces caí en la cuenta de que todo no había sido más que un precioso sueño que jamás se iba a cumplir…

sábado, 3 de enero de 2009

Oscuridad [Parte2]

Me miro las manos manchadas de sangre horrorizado. ¿Qué he hecho? ¿En qué clase de monstruo me he convertido? Ataqué a ese humano inocente por la espalda y lo dejé en poco más que un recipiente vacío, sin sangre, sin vida.

Todavía estaba reflexionando sobre lo sucedido cuando oigo un golpe seco. Alzo la vista y me encuentro ahí al ser más bello que había visto en mi vida. Su piel era muy blanca, de un color extraño pero a la vez hermoso. El pelo, de color castaño con reflejos cobrizos, le caía grácilmente hacia los lados. Pero todo eso no es lo que me tiene perturbado, son esos ojos, con los que me está observando con atención, una mezcla entre azul y verde que me tienen hipnotizado.

No logro entender como había aparecido ni qué hacía aquí ese ángel, sonriéndome, ignorando el cadáver que se encuentra al lado mío. Se me acerca lentamente y se agacha hasta ponerse a la altura de mis ojos.

-¿Cómo te encuentras? -dice ella
No soy capaz de contestarle nada, ni yo mismo sé cómo me encuentro, me dedico a observarla embelesado.
-No tienes buena cara- insiste ella- Parece como si estuvieses en shock.
-¡Cómo no voy a estar en shock si acabo de matar un hombre y aún no sé como lo he hecho!-pienso con furia. Decido guardar las apariencias e intentar parecer menos culpable.
-Mee encontraaba corriendo pooor aquí y me he encontrado a estee hombre, iba a llamar ahora a la policía- le contesto titubeando

La mujer al escuchar mi respuesta comenzó a reírse con descaro. No le encuentro yo la gracia a mi torpe intento de mentir, así que espero a que acabe de reírse.

-Que malo eres mintiendo, bueno ya irás aprendiendo poco a poco- dice ella
-Cómo que ya IRÉ aprendiendo- espeto yo bruscamente
-Sí, vas a tener muuuucho tiempo para aprender-dijo ella dedicándome una sonrisa

De repente se dio la vuelta dejándome con la palabra en la boca. Decido seguirla, necesito que me aclare dudas, no puedo olvidar esos ojos.

-Por favor, aclárame lo que has dicho antes-suplico, cansado de seguirla sin obtener explicación
-¿Es que aún no te has dado cuenta de la situación?-pregunta ella- Parece que voy a tener más trabajo del esperado
-¿Cómo que vas a tener más trabajo?- le pregunto con dejadez, me empieza a cansar el jueguecito
-Sí, vamos a tener mucho trabajo a partir de ahora vástago mío, por sino te has dado cuenta aún, ahora eres un vampiro y yo tu creadora y maestra…

lunes, 29 de diciembre de 2008

Oscuridad [Parte 1]

Intento abrir los ojos, no puedo, me pesan los párpados. Lo intento de nuevo, parece que lo estoy logrando, sin embargo no consigo ver nada, tan solo oscuridad. Me pongo a pensar, ¿cómo he llegado aquí? Trato de reordenar mis pensamientos, ¿qué he hecho durante las últimas horas? ¿Por qué me encuentro tumbado en el suelo?
Sin embargo todos estos intentos son en vano, no recuerdo nada, solo oscuridad. Una ligera jaqueca está empezando, demasiado esfuerzo. Decido darme unos minutos de tranquilidad.

Trato de nuevo de abrir los ojos, parece que esta vez sí que lo he logrado. Un callejón pequeño y oscuro, ¿qué demonios haré yo allí tumbado en el suelo? El miedo comienza a atenazarme. ¿Cómo he llegado hasta ese lugar? ¿Me han hecho algo? Son preguntas a las que no puedo encontrar respuesta por mucho que lo intento.

Ha llegado la hora de levantarse, o por lo menos de intentarlo. Muevo un poco las piernas, las tengo agarrotadas pero parece que reaccionan. Me empiezo a incorporar y entonces, de repente, empiezo a sentir una quemazón que se extiende por todo mi cuerpo durante una fracción de segundo. Eso me atemoriza aun más, ¿qué me ha sucedido? Es como si esa horrible quemazón la hubiese vivido en algún otro momento.

Me incorporo con lentitud. Miro entre los bolsillos de mis pantalones en busca de algo que me haga recordar, pero no encuentro nada, están vacíos. Poco a poco una rabia intensa comienza a inundarme, no puedo contenerme y suelto un puñetazo a la pared.

Me miro la mano con extrañeza, ese golpe debería haberme dolido, en vez de eso, no solo no me ha dolido sino que ha dejado un hueco enorme en la pared. ¿Cómo he podido hacer eso con un simple golpe? No tiene una explicación lógica. Empiezo a alejarme con brusquedad de la pared, casi corriendo. Eso despejará mi cabeza.

Poco a poco comienzo a correr hacia la salida del callejón. No sé cómo pero al poco de empezar a correr cojo más y más velocidad, superando a los coches y a las personas sin esfuerzo alguno. Sigo corriendo hasta que veo un lugar tranquilo y apartado donde reflexionar sobre lo que me está sucediendo. Es un parque.

Qué me estaba sucediendo y por qué a mí eran algunas de las cientos de preguntas sin respuesta, que me pasan por la cabeza en estos momentos. Estoy confuso, sin saber qué hacer ni a dónde dirigirme.

Entonces algo llama mi atención, es un hombre de mediana edad que está haciendo footing distraídamente mientras escucha música en su MP3. Algo se está desatando en mi interior, algo que no puedo comprender ni aplacar. Intento inútilmente resistirme pero algo en mi interior me dice que no puedo, que todo esfuerzo es inútil. La bestia se ha desatado en mí.

Comienzo a correr en dirección al hombre. Cuando me encuentro a unos metros de él, se gira y me mira con una expresión de puro horror ante lo que está a punto de suceder. Adoro esa expresión…

Sangre e ira [Parte 2]

La batalla había comenzado. Toda la unidad corrimos rápidamente, acercándonos a cada paso a un destino incierto. Debo tranquilizarme. El miedo me atenaza.
Cojo mi pilum y armo el brazo para lanzarlo. No apunto, no hay tiempo. Lanzo a la horda que se dirige a nosotros. Espero haberle dado a alguien, lo necesitaremos.
Saco mi gladius y agarro mi scutum. Ya los tenemos encima, 20 metros, el choque parece inevitable.

Se dirige hacia mí uno de ellos. Puedo verla la cara, la tiene desencajada por el esfuerzo. Porta un enorme hacha. Da un golpe hacia mi izquierda, lo esquivo por poco. Ese hacha debe pesar. Sus movimientos son lentos pero poderosos.

Consigo clavarle el gladius en el cuello en un momento de despiste. Me he puesto perdido de sangre. No he sentido nada al matar, sólo una ira que va aumentando en mí poco a poco. Aparto el cadáver mientras está con los estertores, busco al siguiente bárbaro.

Aparece otro, este parece más joven, debe ser su primera batalla. Intenta darme un golpe, falla estrepitosamente. Con unos años más aun podría haberme hecho algo. Le rebano el brazo del arma. Sus gritos me ensordecen. Decido acabar con ellos de un certero golpe. Me empapo aun más.

Se empieza a sentir el olor de batalla del que hablan los veteranos. Es una nauseabunda mezcla de sangre, orines y heces. Me revuelve el estómago. Debería haber desayunado menos.

Mientras estos pensamientos fluyen en mi mente, siento como un golpe me pasa rozando la cabeza. Debo estar más atento. Acabo con el osado bárbaro que intento herirme. Ya me he entregado completamente a la batalla, no siento dolor ni lástima, sólo quiero acabar con los enemigos de Roma.

Miro a mi alrededor, bastantes compañeros míos habían caído en el fragor de la batalla, compañeros de entrenamiento, compañeros de rancho, amigos. Mi ira va aumentando, ya habrá tiempo de enterrar a los muertos.

Me giro para intentar insuflar ánimos a los compañeros, la victoria es posible.

Mientras estoy a la búsqueda de un enemigo ocurre lo inevitable, de repente siento un desgarrador dolor en el hombro. Un enemigo me había atravesado con su lanza. Le atravieso con el gladius pero es demasiado tarde. Siento la sangre manar por la herida. Poco a poco se vuelve todo más oscuro. Siento la mano de alguien arrastrándome. La oscuridad me envuelve, es el fin…






Al acabo de un indeterminado tiempo desperté de golpe. Sentí una punzada de dolor. Mire a mi hombro, tenía un tosco y voluminoso vendaje. No sé dónde estoy. Se oyen unas risas de fondo.

La incertidumbre me corroepor dentro. Me armo de valor y grito para que alguien se da cuenta de donde estoy. Oigo venir a alguien.
¡No puede ser! ¿Cómo ha podido suceder? Estoy en el campamento de los bárbaros…

Sangre e ira [Parte 1]

El sol empezó a despuntar desde muy temprano. Me daba en los ojos. Ya era hora de despertar. Todo parecía que iba a ser como la rutina de siempre pero no, hoy era un día especial. Me desperecé y eché una mirada a mi alrededor. Allí estaban, los hombres con los que había pasado tantas penurias. Se notaba en el ambiente que hoy era un día distinto al resto.

Me vestí y fui donde estaban dando el desayuno, no era la misma bazofia de siempre, esta vez se habían esmerado. Intercambié una mirada apesadumbrada con el cocinero. Él sabía lo que me estaba pasando por la mente, lo que nos estaba pasando por la mente a todos.
Decidí no hablar con nadie y comer tranquilo en una esquina pensando sobre el largo día que nos esperaba. Hoy no volvería a ver a muchos de los hombres que había allí. Es una idea que me aterroriza.

Tras comer me levanto y voy en dirección a donde está mi petate. Me visto con la ropa y la armadura que me había podido comprar con mis pocos ahorros ganados tras arduas batallas por Roma
Mientras todos mis compañeros se preparaban, el cónsul fue a explicar sus planes de batalla a los jefes de unidad.
El jefe de mi unidad no tenía buena cara, no habría podido dormir. Nos transmitió las órdenes, las de siempre.
Lentamente nos fuimos dirigiendo a nuestra posición en la unidad y comenzamos a andar en dirección desconocida. Pasaron horas en las que pesadamente caminamos hacia un destino incierto.

Parece que ya hemos llegado, nos detenemos. Afino el oído y parece escucharse unos cánticos de bárbaros. Bestias inmundas, ¿no saben lo que les pasa a todos los que se enfrentan a Roma? Pobres infelices.
Avanzamos hasta el cerro, allí vemos a lo que nos vamos a tener que enfrentar. Había tantos soldados que no se veía el horizonte. Una sensación de pesadumbre recorrió a todo el ejército romano. Cientos de miles de bárbaros en frente nuestro.
El cónsul se dispuso a dar su arenga previa a la batalla. Que lucháramos por Roma y por su gloria, ¿acaso sabrá él, qué es Roma y qué representa? Roma no es un palacio en el que estás aislado de mundo con un séquito de esclavos que hacen lo que te place, Roma es el panadero que se levanta cada madrugada día tras día, el comerciante que recorre cientos de kilómetros para traer productos, el gladiador que da su vida para entretener a la plebe. Todo eso es Roma.

A una orden empezamos a golpear el escudo con los pila, en un intento de amedrentar a los bárbaros pero a una señal de su jefe empezaron a hacer tanto ruido que enmudecieron el nuestro. Un escalofrío recorrió mi espalda.
A mis espaldas los músicos tocaron las trompetas. La batalla había comenzado…